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Año del Tigre de agua

Feliz Año Nuevo Chino

Este martes 1 de febrero la cultura china celebra el inicio de su Año Nuevo, el cual, de acuerdo con el simbolismo que se atribuye a cada periodo, está consagrado ahora a la figura del tigre de agua.

Como es sabido, en China el calendario empieza de manera distinta a la mayoría de los países porque su cómputo toma en cuenta a la Luna, pues comienza con la salida de la segunda luna nueva después del solsticio de invierno (21 de diciembre) en el hemisferio norte. Esto puede ocurrir entre el 21 de enero y el 20 de febrero. Además, porque aun cuando su duración total es la misma que la del periodo de traslación de la Tierra (365 días), la duración de los meses del año es la misma que la de las lunaciones, es decir, 29 días.

En segundo lugar, cabe mencionar que el calendario chino se encuentra ahora en el año 4720, esto porque los años comenzaron a contarse desde la coronación de Huangdi o el «Emperador amarillo”, un gobernante a medio camino entre la historia y la leyenda, cuyo reinado comenzó en el año 2698 antes de nuestra era del calendario gregoriano.

En cuanto a la figura simbólica que se le atribuye a este nuevo año, el tigre de agua, su designación corresponde al equivalente del zodiaco de la cultura china, cuyos 12 animales se suceden unos a otros en un orden estricto con el transcurrir de los años, en combinación con cinco elementos que igualmente guardan un orden riguroso: metal, agua, madera, fuego y tierra.

Desde este punto de vista, para el Año del Tigre se augura un año en el que se enfrentarán desafíos y contrariedades de buen calado, idóneas para que el tigre haga relucir su fortaleza, su valentía y, específicamente para el tigre de agua, su tenacidad, cualidades que podrían tener su recompensa hacia el final del periodo, cuando el panorama se despeje y los caminos trazados se aclaren.

También conocido como el Festival de la Primavera, las comunidades chinas de todo el mundo celebran el Año Nuevo.

Las festividades despiden al año viejo y están destinadas a traer suerte y prosperidad en el nuevo.

Hay banquetes familiares y espectáculos al aire libre con petardos, fuegos artificiales y, a menudo, dragones danzantes. Las principales celebraciones se llevan a cabo en la víspera de Año Nuevo y el día de Año Nuevo.

La gente decora sus casas con rojo para la buena suerte y los niños reciben dinero en sobres de color rojo brillante.

Las celebraciones duran dos semanas y finalizan el 15 de febrero de este año con el festival de los faroles, que marca la luna llena.

Desde la década de 1990, la gente en China tiene una semana libre para el Año Nuevo. Según el Ministerio de Comercio del país, la gente hoy en día gasta más de 820.000 millones de yuanes (cerca de US$130.000 millones) en compras y comidas durante este período.

Año del Tigre

Cada año está asociado con uno de los 12 animales del zodíaco chino.

Este es el Año del Tigre. Se dice que los niños nacidos en este año serán valientes, competitivos y fuertes.

¿Cuáles son los orígenes del Año Nuevo chino?

Sus orígenes están impregnados de leyenda. Una historia dice que un monstruo llamado Nian («Año») atacaba a las poblaciones de las aldeas al comienzo de cada año.

Nian tenía miedo de los ruidos fuertes, las luces brillantes y el color rojo. La gente utilizó estas cosas para ahuyentar a la bestia.

Dado que el dragón es un símbolo chino de poder y buena fortuna, en muchas regiones del país se realizan bailes de dragones, durante los cuales un títere de dragón largo y colorido desfila por las calles, como el evento culminante de las festividades.

El Año Nuevo también es el momento en que las personas limpian sus hogares a fondo para deshacerse de la mala suerte que haya quedado del año anterior.

Cómo saber qué animal soy en el Horóscopo chino

En el Horóscopo Chino, existen 12 ciclos de animales: rata, buey, tigre, conejo, dragón, serpiente, caballo, cabra, mono, gallo, perro y cerdo. Si quieres conocer qué animal te representa, solo debes identificar el año de tu nacimiento y revisar la siguiente lista:

Horóscopo chinoAño de nacimiento
Rata1900, 1912, 1924, 1936, 1948, 1960, 1972, 1984, 1996, 2008, 2020.
Buey1901, 1913, 1925, 1937, 1949, 1961, 1973, 1985, 1997, 2009, 2021.
Tigre1902, 1914, 1926, 1938, 1950, 1962, 1974, 1986, 1998, 2010, 2022.
Conejo1903, 1915, 1927, 1939, 1951, 1963, 1975, 1987, 1999, 2011, 2023.
Dragón1904, 1916, 1928, 1940, 1952, 1964, 1976, 1988, 2000, 2012, 2024.
Serpiente1905, 1917, 1929, 1941, 1953, 1965, 1977, 1989, 2001, 2013, 2025.
Caballo1906, 1918, 1930, 1942, 1954, 1966, 1978, 1990, 2002, 2014, 2026.
Cabra1907, 1919, 1931, 1943, 1955, 1967, 1979, 1991, 2003, 2015, 2027.
Mono1908, 1920, 1932, 1944, 1956, 1968, 1980, 1992, 2004, 2016, 2028.
Gallo1909, 1921, 1933, 1945, 1957, 1969, 1981, 1993, 2005, 2017, 2029.
Perro1910, 1922, 1934, 1946, 1958, 1970, 1982, 1994, 2006, 2018, 2030.
Cerdo1911, 1923, 1935, 1947, 1959, 1971, 1983, 1995, 2007, 2019, 2031.

Fuente: BBC

Cuentos mitológicos sobre la creación

Los mitos, con su lenguaje simbólico y su carácter universal, han sido la forma de transmitir profundas enseñanzas sobre los misterios de la Vida desde tiempos inmemoriales.

Nos sentimos naturalmente atraídos hacia ellos porque las verdades que encierran le hablan directamente a nuestra Alma y le recuerdan su naturaleza superior.

“Las siete cosas creadas antes de la creación del mundo”. Talmud

Nos han enseñado que siete cosas fueron creadas antes de la creación del mundo: la Torah, el arrepentimiento, el Jardín del Edén, la Gehena, el Trono de Gloria, el Templo y el Nombre del Mesías.

La Torah precedió a la creación del mundo. He aquí un pasaje que lo prueba: “El Eterno me creó primicias de su camino, antes  que sus obras más antiguas”. (Proverbios 8, 2). Para probar la antigüedad del arrepentimiento se cita lo siguiente: “Antes de que los montes fueran engendrados, antes de que naciesen tierra y orbe…Tú al polvo reduces a los hombres, diciendo: ¡Tornad! (en hebreo shub, que significa volver, darse la vuelta, de aquí teshuba, arrepentimiento)”. (Salmos 90, 2. Para probar la del Jardín del Edén, se cita: “Luego plantó el Eterno un jardín en Edén, mi kedem (se puede traducir, desde oriente, o desde antes)”. (Génesis 2, 8). La de la Gehena se prueba por el siguiente pasaje: “Porque de antemano está preparada una hoguera” (Isaías 30, 33). La del Trono de Gloria, por el pasaje: “Desde el principio tu Trono está fijado, desde siempre existes tú”. (Salmos 93,2), La del Templo, por el pasaje: “Trono de Gloria, excelso desde el principio, es el lugar de nuestro Templo”. (Jeremías 17, 12)

El Nombre del Mesías es igualmente anterior a la Creación, puesto que: “Su Nombre subsistirá para siempre, antes que el sol su Nombre se perpetuará”. (Salmos 72, 17),

(Talmud Nedarim)

“La creación”. Según los indios winnebagos.

No sabemos en qué condición se hallaba nuestro padre cuando empezó a tomar conciencia. Movió su brazo derecho y luego su brazo izquierdo, su pierna derecha y luego su pierna izquierda. Empezó a pensar lo que tenía que hacer y por fin empezó a llorar, las lágrimas fluían de sus ojos y caían ante él. Al poco tiempo miró ante sí y vio algo que brillaba. Aquello brillante eran sus lágrimas, que fluían y forma­ban las aguas que vemos… El hacedor de la tierra empezó a pensar de nuevo. Y pensó: “Es así, cuando deseo una cosa, se hará como yo deseo, del mismo modo que mis lágrimas se han convertido en mares”. Así pensó. Y deseó la luz, y se hizo la luz. Y pensó lue­go: “Es como me suponía, las cosas que he deseado han empezado a existir tal como yo quería”. Pensó entonces y deseó que existiera la tierra, y la tierra empezó a existir. El hacedor de la tierra la contempló y le gustó, pero la tierra no se estaba quieta… (Una vez que la tierra se aquietó) pensó en muchas cosas como empezaron a existir según él deseaba. Entonces empezó a hablar por primera vez. Dijo: “Puesto que las cosas son tal como yo quiero que sean, haré un ser semejante a mí”. Y tomó un poco de tierra y le dio su semejanza. Habló entonces a lo que acababa de crear, pero aquello no le respondió. Lo miró y vio que no tenía entendimiento o pen­samiento. Y le hizo un entendimiento. De nuevo le habló, pero aquello no respondió. Lo volvió a mirar y vio que no tenía lengua. Le hizo entonces una lengua. Le habló otra vez y aquello no res­pondió. Lo volvió a mirar y vio que no tenía alma. Le hizo, pues, un alma. Le habló otra vez y aquello pareció querer decir algo. Pero no lograba hacerse entender. El hacedor de la tierra alentó en su boca, le habló, y aquello le respondió.

(Recogido por M. Eliade, Historia de las creencias y de las ideas religiosas)

“La creación”. Según los indios omaha

Al principio todas las cosas estaban en la mente de Wakonda. Todas las criaturas, el hombre también, eran espí­ritus. Se movían de un lado a otro en el espacio que media entre la tierra y las estrellas. Buscaban un lugar en que pudieran empezar a existir corpóreamente. Subieron hasta el sol, pero el sol no les convenía como morada. Pasaron a la luna y vieron que tam­poco era buena para vivir allí. Descendieron entonces a la tierra. Vieron que estaba cubierta de agua. Flotaron hacia el norte, el sur, el este y el oeste, pero no encontraron tierra seca. Estaban muy apesadumbrados. De repente, entre las aguas surgió una gran roca. Empezó a arder en llamas y las nubes flotaron en el aire en forma de nubes. Apareció la tierra seca; crecieron las plantas y los árboles. Las huestes de los espíritus descendieron y se hicieron carne y sangre. Se alimentaron de las semillas de las hierbas y de los frutos de los árboles, y la tierra vibró con sus expresiones de alegría y gratitud a Wakonda, el hacedor de todas las cosas.

(Recogido por M. Eliade, Historia de las creencias y de las ideas religiosas)

Fuente: http://www.arsgravis.com

La crisis según Albert Einstein

Einstein solía contener en sus afirmaciones un gran espíritu de superación personal de lucha contra el miedo, de fomento por la creatividad y de la importancia de disfrutar de la vida. 

He aquí su reflexión sobre la crisis.

«No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo.

La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura.

Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ‘superado’.

Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.»

Frases de Albert Einstein

1879-1955.

No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos.

Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.

Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera.

Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber.

Vivimos en el mundo cuando amamos. Sólo una vida vivida para los demás merece la pena ser vivida.

Hay dos maneras de vivir su vida: una como si nada es un milagro, la otra es como si todo es un milagro.

El que no posee el don de maravillarse ni de entusiasmarse más le valdría estar muerto, porque sus ojos están cerrados.

Intenta no volverte un hombre de éxito, sino volverte un hombre de valor

ANÉCDOTA

La ética en la medicina (II)

INCIPIT VITA NOVA

El Renacimiento constituyó un nuevo nacimiento de la cultura clásica griega y romana, así como una tentativa del pensamiento humano para escapar de los límites impuestos por la Iglesia y el Estado, a fin de poder experimentar, observar y deducir sin prejuicios ni dogmas, en concordancia la religión y las nuevas tendencias seculares.

Pese a que en 1750 aún domina la regla según la cual «el médico debía ser cristiano» y el primer acto oficial de los nuevos medios parisienses era una visita colectiva a la catedral de Notre Dame, donde prestaban juramento de defender la religión católica, es evidente que del siglo XV al XVIII se produce una secularización lenta, pero progresiva.

Aquí se da un paso hacia la moral filantrópica. Este fenómeno, asociado al poderío creciente del poder civil y a las transformaciones de la vida social, permite el desarrollo de una medicina legal y del derecho del médico, que conocerá mayores progresos en el siglo XIX. La codificación de las obligaciones profesionales y sanitarias plantea cuestiones de orden médico-legal y la aplicación de la deontología.

EL CÓDIGO DE PERCIVAL EN EL SIGLO XIX

A principios del siglo XIX aparece el Código de Percival, que constituye el primer código de la etapa moderna de la historia de la deontología médica.

La separación entre deberes religiosos y civiles, prudente al comienzo, volverá neta y decidida en los siglos XVIII y XIX. A partir de este momento aparecen dos comportamientos éticos dentro de la práctica médica: el médico religioso y el secular. Este último y su voluntad de dar un fundamento racional a la moral médica, suplantarán poco a poco a la medicina religiosa.

El proceso de secularización que pone en juicio ciertos aspectos de la existencia tendrá influencia sobre el mismo acto médico.

En 1803, T. Percival (Miembro del Manchester Royal Infirmary) edita su «Ética médica». Explica de forma simple cómo debe comportarse el médico con sus colegas, y cómo, a través de unas normas puede mejorar la idea de servicio ofrecido al paciente y a la sociedad. En verdad, este código es una guía práctica para resolver problemas y situaciones concretas, tanto en el terreno hospitalario como en el privado; aborda igualmente la legislación y las relaciones con los farmacéuticos. El código ético de la American Medical Association, (1847), se inspira muchísimo en él.

EL SIGLO XX

El siglo XX vivirá un progreso técnico-científico, con unos problemas y situaciones que se convierten en otros tantos dilemas gra­ves desde el punto de vista ético, y que han sacudido una deontología médica carente de bases filosóficas y morales.

Como ejemplos, podemos citar:

* La enorme carga financiera de la asistencia médica, que recae sobre el enfermo o sobre la compañía aseguradora.

* La gran eficacia de algunos tratamientos actuales y el peligro evidente que esto representa.

* E1 riesgo y la precisión de ciertas técnicas exploratorias, como, por ejemplo, la psicoterapia y el diagnóstico de muerte real.

* E1 papel social de la medicina que desemboca en presiones diversas ejercidas por el Estado sobre el médico.

* E1 universalismo, porque los problemas ético-médicos desbordan los límite de la conciencia del médico y las fronteras entre países.

* E1 desarrollo en poco tiempo de la salud pública y de la higiene social, las conquistas de la bioestática, la complejidad de la medicina militar, la necesidad imperiosa de trabajar en equipo, el desarrollo de la medicina legal y de la experiencia médico-legal; la desaparición del médico en tanto que «dios social», el fenómeno de la despersonalización del médico que hace que la confianza del paciente se vuelque mucho más sobre los medicamentos que sobre el médico que se los administra; el crecimiento de la crítica social hacia el acto médico…

* La colectivización de la medicina en ciertos países europeos, que conlleva sus peligros (independientemente de sus éxitos, como la eliminación de la discriminación en la asistencia médica), tales como la afluencia en masa de enfermos a los consultorios, la dificultad de las relaciones médico-paciente si este último no escoge el médico, la conversión del médico en funcionario, la necesidad de crecientes financieros para una buena asistencia médica, etc…

* E1 médico, que antaño era el único juez de su decisión, debe ahora aproximarse a su paciente, quien participa de todo el proceso de la enfermedad, del diagnóstico, e incluso de la decisión relativa a su propia muerte.

* Los extraordinarios progresos técnicos y científicos: la ingeniería genética, los trasplantes, los bancos de esperma, etc.

Hemos visto cómo los griegos supieron conjugar el interés hacia el desarrollo técnico y las normas éticas de la profesión. Es indis­pensable -y hoy más que nunca nos damos cuenta de ello- la existencia de un equilibrio perfecto entre la ética y la ciencia. «La ética no debe quedarse a la zaga del avance científico, sino que debe preceder a toda ciencia».

El progreso científico y tecnológico, las posibilidades de acción sobre el enfermo y la de mantener la vida o de provocar la muerte, nos hacen más conscientes de la necesidad de unas normas éticas claras acerca de lo que es lícito o ilícito, acerca de los límites de nuestra libertad de acción. Esta necesidad se destaca más cuando, como ocurre en la actualidad, la ciencia y la técnica progresan más rápido que el establecimiento de una legislación apropiada, planteándose nuevos problemas inimaginables hace tan sólo algunos años. El especial trabajo del médico y su posibilidad de una influencia decisiva sobre el ser humano y la sociedad, han exigido siempre una elevada categoría moral que se apoye en códigos médicos y menos en leyes que reglamenten su conducta.

La segunda mitad del siglo XX dio nacimiento a unos códigos y declaraciones confeccionadas con objeto de responder a este requisito de normas claras en lo ético y moral. La ética, que durante un tiempo había sido relegada hasta lo ínfimo a causa del impulso irresistible de la tecnología, es más que nunca necesaria. Las muchas reuniones médicas nacionales e internacionales se han hecho eco de esta necesidad.

En la actualidad algunos consideran que el Juramento Hipocrático está desfasado, aunque ha sido difícil mejorarlo o reemplazarlo. La Declaración de Ginebra, que traduce en lenguaje moderno el trasfondo del juramento griego, ha sido adoptada por la O.M.S. en 1848. Y en 1949, la tercera Asamblea de la Asociación Médica Mundial ha adoptado su Código Internacional de Ética Médica, dividido en tres vertientes: los deberes de los médicos entre ellos, los deberes de los médicos en general y los deberes de los médicos hacia el paciente. Seguidamente vienen otras declaraciones que inciden sobre problemas nuevos de urgente consideración.

Estas son las principales:

-Declaración de Sydney (1968).

-Declaración de Oslo (1970).

-Declaración de Helsinki (1964).

-Declaración de Hawai (1954).

EL PROBLEMA DE LA INCERTIDUMBRE ÉTICA

Las declaraciones de Percival han resuelto algunos problemas éticos en nuestros días; sin embargo, en vista de la rapidez del pro­greso científico, son insuficientes. La avalancha de situaciones y de dilemas éticos derivados de las investigaciones de las últimas décadas, ha sorprendido al legislador que va con más lentitud. He aquí algunos ejemplos: secreto médico e información, práctica de la terapia de la hipnosis y de la sofrología, interrupción voluntaria del embarazo o el derecho a la vida, la investigación clínica, el per­juicio terapéutico, la ética y la industria farmacéutica, la mala práctica y la negligencia, la huelga de médicos y el sindicalismo, la ética en tiempos de guerra, la ética de la formación profesional, la inseminación artificial, la eutanasia, la informática y la deontología, la especialización, los bancos de órganos y esperma, la adopción prenatal, la inducción del sexo, la prospección genética o la búsqueda de grupos humanos de un tipo particular, la utilización de productos farmacológicos capaces de modificar el comportamiento humano, el eugenismo, la producción de microbios…

«En lugar de resolver problemas del mundo, la ambición científica a veces parece divertirse en crear otros nuevos», nos dice Duellwe. Las últimas investigaciones han desbordado la máquina legislativa, de manera tal, lenta y pesada, que no existen leyes para encuadrarlas. «¿La ciencia se nos está escapando de las manos? «, se pregunta H. Componer. El hombre se encuentra en una peligrosa situación: como Prometeo, ha traído el fuego del cielo y este fuego puede hacerle mucho bien, pero puede destruirle igualmente.

Van Deusselaer nos habla del «conocimiento peligroso» y lo define como: «el conocimiento que se ha acumulado mucho más rápidamente que la sabiduría para utilizarlo».

Hemos llegado a un punto en que se hace difícil juzgar si el pro­ceso científico y tecnológico es bueno o es malo. Se hace cada vez más marcado el divorcio entre el poder de la ciencia y los princi­pios que permiten aplicar la misma de una manera sensata.

Frente a estos problemas éticos, comprendemos que nuestra dificultad se debe a una falta del conocimiento adecuado de los factores profundos que rigen el proceso social e individual.

Aquellas religiones y filosofías que orientan con conciencia ética, nos llevan a preguntarnos si es posible la existencia de una ética médica universal o natural. Se trataría de una deontología respetuosa de la naturaleza humana y aceptada por todos los hombres de buena voluntad. Una Ética que pueda aplicarse a cualquier situación histórica y social.

El médico, debe poseer una claridad de espíritu suficiente como para dictarle su conducta y permitirle cumplir con su deber, evitándole la confusión y la incertidumbre éticas. Estos principios, como afirmaba Horacio: «permiten a la ciencia engendrar la virtud. »

Cualquiera que sea el medio en el que ejerza el médico, su objetivo será siempre el mismo: ayudar al paciente. Los principios de la ética médica continuarán sirviéndole de guía para determinar lo que mejor conviene al paciente, a sí mismo y a su profesión». (Dwight C. Wilbur, Asociación Médica Americana).

Debe haber pues, unas normas atemporales, unas responsabilidades concretas inherentes a la decencia médica, una expresión de ética constante, más allá de la situación socio-histórica.

La medicina es algo más que la conjugación de conocimientos y de actividades. La medicina es ciencia; es economía y política; es arte en el sentido hipocrático; es ética y religión: cuatro motores que la ponen en movimiento y le dan su auténtico valor. La deontología ha de reunir, en consecuencia, estos hitos esenciales para ser asimismo un valor atemporal.

Fuente: http://www.eticauniversal.net              Autor: Dr. Antonio Alzina

Miembro Fundador de la Sociedad Española de Laserterapia. Fundador y Director Internacional del Centro Seraphis de Nueva medicina

La ética en la medicina (I)

LA ÉTICA EN LA MEDICINA

La asistencia médica a los enfermos es un acto esencialmente humano con una dimensión ética. Un buscador en la deontología médica. P. Peiro, nos dice: «No se puede vivir sin una regla moral a la cual estén sometidas nuestras acciones».

El médico en ejercicio deberá tomar decisiones que pueden llegar a influir sobre la libertad o la vida humana. Deberá resolver problemas que no dependen solamente de sus conocimientos científicos, sino de sus creencias y de sus convicciones humanistas. La conciencia de nuestros propios límites, el respeto por la dignidad humana, la capacidad de ponerse en el lugar del paciente, por ejemplo, van a influir de forma evidente en la asistencia médica. Así, sensibilizado con el aspecto humano de la enfermedad, el médico puede comprender que está en presencia de un ser completo que sufre y que tiene necesidad de la ciencia.

Existe una ética general y una ética específica de la medicina cuyos orígenes se confunden. La historia de la ética médica es la historia de los ideales profesionales y de los valores asociados a ellos que influyen en la función sanadora del médico. Estos ideales éticos fueron desarrollados y codificados en cada época por los médicos más renombrados y constituyeron las normas que se imponían los practicantes. Desde los albores de la humanidad ha habido una imbricación entre religión y medicina. No es pues sorprendente que la ética religiosa tenga un sitio particular en la deontologia médica. Asimismo, en otras épocas, los médicos han descubierto la aplicación médica y social de los ideales enseñados por los filósofos y pensadores: los pitagóricos, los estoicos, y otros.

La deontologia ha variado en función de las épocas históricas y de las situaciones sociales de la humanidad. Ante estas fluctuaciones, el hombre ha tratado de establecer una deontologia permanente.

La deontología ha variado en función de las épocas históricas y de las situaciones sociales de la humanidad. Ante estas fluctuaciones, el hombre ha tratadod e establecer una deontología permanente-

Demos un vistazo a la historia de la deontologia y a su evolución ante los grandes problemas de ayer, de hoy y posiblemente de mañana. No podemos precisar el momento en que surge la deontologia médica, porque nos encontramos en presencia de un proceso continuo en relación directa con la evolución del género humano. La evo­lución de la deontologia médica, está marcada principalmente por una serie de códigos médicos históricos que son, no solamente códigos deontológicos propiamente dichos, sino textos presentados bajo forma de reglas y de preceptos.

CÓDIGO DE HAMMURABI

En Mesopotamia, bajo el reinado de Ur Namnu (2050 a.C.) se dictaron una serie de reglas médico-legales, consideradas por algunos autores como el primer código deontológico conocido de la Humanidad. Este código ha sido reen­contrado en Susa, inscrito en 21 columnas. Uno de los bajorrelieves nos muestra al rey de Babilonia recibiendo estas normas del dios Sol.

El Código de Hammurabi, primer reglamento jurídico regidor del acto médico, contiene alusiones claras en cuanto a los honorarios médicos así como a las sanciones previstas en caso de errores terapéuticos. En general este código trata de la relación entre los médicos, los pacientes y la sociedad.

CONSEJOS DE ESCULAPIO

Menos conocidos que el juramento de Hipócrates, los «consejos de Esculapio «, destinados a los estudiantes de medicina, constituyen un texto magnífico sobre las bases y las motivaciones de la profesión médica. Se revisan detalladamente los deberes, así como los sacrificios y las satisfacciones que implica el ejercicio de la me­dicina. Es un conjunto deontológico que difícilmente se puede superar. He aquí algunos puntos:

«¿Deseas ser médico, hijo mío? Esta aspiración es la de un alma generosa, la de un espíritu ávido de ciencia. ¿Has pensado bien lo que será tu vida? Deberás renunciar a tu vida privada.

Mientras que la mayoría de tus conciudadanos, una vez cumplidas sus tareas, pueden aislarse, lejos de los inoportunos, tu puerta deberá estar siempre abierta para todos.

Si amas la verdad, deberás callarla sin embargo. Deberás ocultar a algunos pacientes la gravedad de su mal; porque esta verdad podría herirles. No pretendas enriquecerte con esta actividad. Te lo he dicho: es un sacerdocio y no sería decente que obtengas ganancias tan importantes como las de un comerciante de aceite o un comerciante de lanas.

Estarás solo cuando estés triste, solo cuando estudies, solo rodeado del egoísmo humano. Si estimas el hecho de ser pagado con el alivio de una madre, con la sonrisa de aquel que ya no sufre, entonces… hazte médico, hijo mío.»

EL JURAMENTO DE HIPÓCRATES

La afirmación: «A excepción de las fuerzas ciegas de la Naturaleza, todo lo que vive o muere viene de Grecia «, es aplicable en parte a la deontología médica. La concepción griega de la práctica médica ha dominado durante la antigüedad en el Mediterráneo. La doctrina que toma su impulso en la costa oeste del Asia Menor y que a continuación se extenderá a todo el mundo griego, hunde sus numerosas raíces también en la civilización minoica, en la asirio-babilónica, y en la civilización egipcia (es de esta última, según Laín Entralgo, de donde surgirá la deontología griega).

Por otra parte, no olvidemos que los personajes que conocemos, no son sino representantes de un sistema que se extiende tanto en el espacio como en el tiempo, y que es el resultado de una búsqueda de siglos protagonizada por los filósofos jónicos e italo-griegos del siglo VI a.C. hasta la muerte de Galeno a fines del siglo II d.C.

Como escribió W. Jaeger en su Paideia, los siglos VI y V a.C. constituyen, desde el punto de vista de la ética y de la aplicación social de la medicina, un momento extraordinario en la historia. El médico de tendencia hipocrática ejerce su ministerio según ciertos principios éticos basados en su amor por la ciencia y por la Humanidad. «Allí donde hay amor por el hombre, hay amor por la ciencia » (Preceptos, 6).

Los textos de contenido ético más evidente son: «El juramento hipocrático «, «Los preceptos «, «Del médico » y «De la decencia».

El Juramento será el texto más extendido del Corpus Hippocra-ticum: desde la Constantinopla del siglo X (punto culminante del humanismo bizantino) hasta la Venecia del siglo XIV (primera edición impresa del texto), desde la bula Quod Jusicurandum (1531) del papa Clemente VII, hasta la Asociación Médica Mundial (1948). Todas las normas deontológicas que encontramos en este texto tienen una base y un objetivo común: ayudar al enfermo y proteger su integridad personal. El hecho de que estos principios sean formulados en unas normas generales refleja, por otra parte, un elemento propio de la medicina antigua: «La convicción de que el médico y el paciente son seres de igual valor, que su relación es decisiva para el ejercicio de la medicina y que en esta relación el interés del enfermo es lo más importante».

El principio de «actuar en favor y no en perjuicio de» expresa claramente la filosofía médica hipocrática que se esfuerza por el arte de restablecer la salud.

En el texto encontramos dos partes: la primera se refiere al comportamiento deontológico de la medicina y la otra, a las obligaciones (no legales, sino de compromiso privado) que contrae el médico con su Maestro y la familia de su maestro. Algunos ven en estas últimas obligaciones una intención utilista basada en intereses económicos y sociales por parte del que enseña. Creemos que esto debe ser interpretado más bien como la relación Maestro-Discípulo, como dice Edelsteins: «una paternidad espiritual del maestro hacia su discípulo».

La referencia a la adquisición de virtudes como la pureza, la santidad o la justicia, expresa toda una ética de vida en el médico. Esta concepción no admite la existencia paradójica de una doble moralidad, una privada y otra profesional, porque, como dice el texto: «mi vida es mi arte».

Otros escritos del Corpus Hippocraticum abordan también el tema de la deontología. Un texto que pertenece a un grupo de obras tardías, Del médico, comienza por dar algunos consejos claros sobre la necesidad de unificar el comportamiento deontológico con el aspecto estético del médico.

Prueba de esto es el texto Prestancia del médico, según el cual el médico debe ser respetable, perfumado con ungüentos de buen aroma, «de aspecto aseado» y, en fin, «muy ordenado en su vida, porque esto tiene buenos efectos sobre su reputación; que su carácter sea el de una persona de bien, seria y afectuosa hacia todos».

Del mismo modo, en el tratado «De la decencia», volvemos a encontrar la cuestión de la imagen ideal del médico. Aunque hayan recibido honorarios por la práctica médica y la enseñanza, los médicos hipocráticos insisten mucho en el rechazo del deseo de posesión y del ánimo de lucro.

Desgraciadamente hoy podemos constatar que un buen número de las enseñanzas hipocráticas siguen siendo teóricas: desde la aceptación de los límites de nuestras posibilidades hasta el principio de «actuar en favor y no en perjuicio», o la concepción holística del ser humano.

EL SERMÓN DEONTOLÓGICO DE ASAPH

Asaph Ben Berachiach (siglo VI d.C), discípulo judío de Hipócrates, ha respetado su juramento moral. Su código ha sido largamente expandido en las escuelas médicas de Alejandría y de Palestina. Asaph consideraba la medicina como un sacerdocio y una religión. Creó una escuela en la que, para entrar como discípulo, era necesario ajustarse a unos criterios, entre los cuales los de orden moral eran los más importantes. Su juramento pre­senta gran semejanza con el de Hipócrates.

Este código deontológico se imponía a los discípulos como complemento ideológico de su formación para transmitirles normas morales elevadas e inspiradoras de la acción médica.

CÓDIGOS MEDIEVALES

Con la caída del Imperio romano, la medicina se separa en dos ramas: la árabe con su eclosión científica y cultural, y la de los monasterios de la Edad Media. Las dos ramas terminarán por converger cinco siglos más tarde en Salerno. Allí tendrá lugar una reestructuración de la medicina, tanto desde el punto de vista de los conocimientos y del tipo de enseñanza, como desde el punto de vista del comportamiento del médico en su profesión (enseñar gratuitamente a los pobres, no enseñar nada erróneo, no administrar malos medicamentos, aportar ayuda a su escuela, etc.)

Los monasterios han tenido un papel decisivo en la conserva­ción del conocimiento y han aportado una contribución importante al aspecto humanitario.

El cristianismo transforma la concepción de la ética médica. Tanto el médico como el enfermo deben seguir en su vida un modelo de moralidad muy clara: las enseñanzas religiosas.

En el curso de la Edad Media, la evolución de la ética profesional médica está unida a la tradición cristiana, judía o islámica.

El código deontológico de Lafranc y Arnaldo de Vilanova ilustra cómo la ética médica occidental de la Edad Media estaba neta­mente influenciada por la religión cristiana. Las normas de carácter religioso y su sentido cristiano obligaban moralmente al médico a ayudar a los pobres gratuitamente, sobre lo cual ocasionalmente debía hacer juramento.

En esta época, el cristianismo no oculta el juramento de Hipócrates. Al contrario, después de eliminar las invocaciones a los dioses griegos, este juramento permanece entre los médicos cristianos como un código trascendental.

En el mundo islámico, además de la influencia de la estructura social y económica y de la tendencia a un conocimiento más téc­nico, la vida religiosa y los preceptos del Corán constituyen la base de los principios éticos.

Mahoma dejó dicho: «La primera de las ciencias es la Teología, el cuidado del alma; y la segunda la Medicina, el cuidado del cuerpo».

El principal artífice de la creación de hospitales, Haroun al Rashid, decreta en 1876 la construcción de centros de atención y de hospitales alrededor de toda nueva mezquita, porque ésta es la acti­tud caritativa para con los enfermos prescrita por el Corán. Estas indicaciones, más la adaptación del juramento de Hipócrates a la fe islámica, hacen que los médicos árabes se apliquen una ética exi­gente.

«La oración del médico» de Maimónides (Moshé ben Maimón Rambam) redactada en la baja Edad Media, es una oración en la cual el médico pide la inspiración necesaria para cumplir su misión de forma digna y correcta. Pide inspiración para amar su arte, para preservarlos del cebo (de la ganancia, de la ambición y de la gloria), que empañan la práctica médica. Pide estar siempre presto y entusiasta para ayudar a los enfermos, para que ningún pensamiento extraño desvíe su atención y pueda «reconocer la enfermedad».

Uno de los primeros tratados de ética médica del mundo árabe es el Ishag Ibn Ali Al Ruhawi, y se titula «Etica práctica de los médicos» (Adab al Tabib). Deja entrever su esfuerzo para descubrir la vía real del acto médico, más allá de los conflictos con las normas culturales de los ideales filosóficos griegos y los profetas islámicos.

Contemporáneo de Al Ruhawi, Isaac Israeli ejerce como médico en Egipto y en Túnez. Sus trabajos han sido traducidos a varias lenguas y utilizados por los médicos medievales. Conservamos el «Libro de las exhortaciones a los médicos», que explica de una forma similar a la moderna los preceptos relativos al cre­cimiento, y las necesidades y las respuestas que es necesario aportar al paciente. Se trata de un código en parte religioso (los deberes en atención a Dios), en parte moral y en parte legal. En esta época, la religión, la moral y la ley, que hoy están netamente separadas, estaban íntimamente unidas entre sí.

Estos textos y otros como «El libro del médico espiritual» de Al Razi, han constituido la base ética de la época y han tenido influencias en diferentes lugares y tiempos. El mundo musulmán ha sido un gran motor para la medicina medieval europea.

 

Fuente: http://www.eticauniversal.net/     Autor: Dr. Antonio Alzina

Donald y las matemágicas para los niños

Portada Donald y las matemágicas

En junio de 1959 Disney realizó un corto titulado “Donald en La Tierra de las Matemágicas” (Donald in Mathmagic Land“), imagino que conocido ya por muchas y muchos de vosotros, pues es todo un clásico en la divulgación de las matemáticas.

El corto fue puesto a disposición de escuelas y se convirtió en una de las películas educativas más populares hechas por Disney.

¿Cuál es el argumento de este corto?

El Pato Donald es un explorador que, sin comerlo ni beberlo, se encuentra en la misteriosa Tierra de las Matemágicas, donde el Espíritu de las Matemáticas poco a poco le irá revelando sus secretos.

En esta Tierra de las Matemágicas, contempla sorprendido árboles con raíces cuadradas, un río de números, un extraño animal con cuerpo de lápiz que lo reta a una partida de tres en raya, un círculo, un rectángulo y un triángulo que se unen formando un rostro que recita los primeros decimales del número Pi…

Guiado por el narrador, el espíritu de las matemáticas, viaja a la antigua Grecia para conocer a Pitágoras y los Pitagóricos, creadores de la escala musical, y aprende las proporciones que se encuentran en la estrella de cinco puntas, proporciones que le llevan al número áureo y al rectángulo perfecto.

 

Descubre como la estrella de cinco puntas y la proporción áurea se encuentra en muchos lugares de la naturaleza y ha sido utilizada por artistas, arquitectos, escultores y pintores en sus obras más famosas.Conoce el empleo de la lógica matemática en el ajedrez, y la presencia de las matemáticas y de la geometría en los juegos y deportes.

Descubre los secretos del billar a tres bandas, aprendiendo del espíritu de las matemáticas el método para conseguir carambolas sencillas usando las marcas que aparecen en los bordes de la mesa de billar y sumando y restando números y fracciones simples.

 

Y, para terminar, el corto invita a Donald a utilizar la imaginación, el poder de la mente mediante el cual podemos ver las figuras geométricas, la esfera, el cono, el paraboloide, el cilindro… que luego tendrán aplicación en la óptica, ingeniería, mecánica, astronomía… Esa misma imaginación que nos ayudará a ir abriendo las infinitas puertas del conocimiento que todavía nos quedan por abrir.

 

A pesar de que muchos de los conceptos que se tratan en el corto (número de oro, rectángulo áureo, etc.) no son apropiados curricularmente para la etapa de Primaria, sin embargo, sí es un buen recurso para utilizar en el aula, pues contribuye a fomentar e inculcar una actitud receptiva y valorativa de las matemáticas por la presencia de éstas en los distintos ámbitos como el arte, la música, el juego, etc., así como en la propia naturaleza.

Además, no está mal fomentar la imaginación y la creatividad, que desgraciadamente es un punto débil en la educación actual.

Por otra parte, como en casi todo, no hay que quedarse en la visualizacíon de la película, sino que se debe reforzar trabajando sobre los conceptos vistos, como por ejemplo identificando las figuras geométricas que se encuentran en su entorno, tanto las naturales como las creadas por el hombre o, aprovechando que es algo que les puede llamar más la atención, analizando el papel de las matemáticas en los distintos juegos.

Todo ello contribuirá a fomentar el interés por la materia, y ayudarle así a comprender mejor la importancia de las matemáticas, como elemento inherente en la vida diaria.

En definitiva que, a pesar de ser un corto de animación que tiene ya más de cinco décadas, el planteamiento y los contenidos están muy bien logrados y son válidos para niños de cualquier generación, y más aún siendo Donald el protagonista, un personaje que, a pesar del paso del tiempo, no ha pasado a la historia.

Y ya para completar la entrada, aquí os dejo el enlace a este fantástico corto de Disney.

Espero que lo disfrutéis y, sobre todo, que sirva para que los más pequeños vean las matemáticas de otra manera, aunque mucho me temo que ese es un objetivo para el que habrá que trabajar mucho y cambiar muchas cosas, empezando por cómo se enseñan.

Extraido de matemáticascercanas.com

El caduceo

El caduceo como símbolo sagrado del médico

 

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El caduceo es un símbolo cuya antigüedad resulta casi imposible decidir, ya que lo encontramos asociado a diversas deidades de características similares en todas las civilizaciones.

Su presentación ha tomado diferentes formas dentro de un mismo esquema que nos permite reconocerlo allí donde aparece. Los elementos que lo constituyen son siempre los mismos y, por eso, hablan un mismo lenguaje sagrado. Sea en las manos de Hermes o Mercurio, en las de Asclepios o Seraphis, sea en Sumeria, en Fenicia, Egipto, Grecia, Irán, Roma, en todo el Mediterráneo y aún en América Precolombina, es posible encontrar la vara rodeada de serpientes, o simplemente las serpientes entrelazadas, con alas o sin ellas, reflejando idéntico movimiento universal.

Según H.P.B., los griegos tomaron de los egipcios la idea del caduceo. Entre los egipcios, este símbolo de una vara con dos serpientes enroscadas, se encuentra en monumentos tan arcaicos como los que anteceden a la aparición de Osiris como deidad entre los hombres.

Los griegos tomaron, pues, este símbolo y lo utilizaron con similar significado. Lo pusieron en manos de Hermes y de Asclepios, y más tarde los romanos lo hicieron con Mercurio y Esculapio.

 

La palabra “caduceo” proviene del latín “caduceum”, que a su vez deriva de otra palabra griega que se puede traducir como “heraldo” o “anunciador”. Pero, curiosamente, la raíz también incluye al gallo, el gran anunciador de la mañana, de la luz, de la aparición del Sol. Así, desglosando el sentido del mástil central como árbol, de la o las serpientes, de las alas y –en ocasiones- de la copa en la que bebe la serpiente, intentaremos llegar al simbolismo del Caduceo, que va desde la cósmica hasta la fisiológica, contemplando en lo que nos interesa, la Medicina y la Salud como Orden Universal y restablecimiento de ese Orden cuando se ve afectado.

Es en Grecia donde encontramos esta tradición más arraigada. En el templo de Epidauro se celebraban prácticas especiales consagradas a Asclepios. Este dios, hijo de Apolo, fue educado por el centauro Quirón, del que aprendió a preparar medicinas, tanto que llegó a superar a su propio maestro. Su capacidad de sanar, y aún de resucitar muertos, hizo que Hades temiera tener que cerrar las puertas de su Reino… Finalmente Zeus da muerte a Asclepios, quien, no obstante, conserva honores divinos. Se cuenta que se aparecía en sueños a los enfermos que acudían a su santuario de Epidauro.

Más tarde, Higia, diosa de la Salud, como hija de Asclepios, se relacionó también con la serpiente de Epidauro y una copa que se llegaría a convertir en el emblema de los farmacéuticos.

En numerosas monedas aparece Asclepios con una serpiente consagrada, denominada “paros” por su color cobrizo. Cuentan los sacerdotes de la época que las serpientes se introducían por la noche en la habitación de los enfermos, mientras éstos dormían, para devolverles la salud.

Según Ovidio, el mismo Asclepios se había transformado en culebra para llegar hasta Roma y curar a los desdichados. Ante semejante prodigio, los romanos le levantaron un templo como dios sanador, eligiendo la cima de la isla del Tíber, donde había arribado la culebra, recordando el hecho con una piedra erigida en la proa de la isla.

Todo lo cual nos remite al valor simbólico de la serpiente. Nos dice H.P.B. que Asclepios, llamado “El Salvador de todo”, es idéntico al Ptah egipcio, la Inteligencia Creadora, y a Apolo –su padre-. La serpiente Kneph representa la eternidad y aparece bordeando una vasija de agua, con su cabeza suspendida sobre las “Aguas Primordiales” a las que incuba con su aliento; esta forma, como Logos-Alma, es llamada Ptah; y como Logos-Creador se convierte en Imhotep, su hijo, fuertemente ligado a las Ciencias Sagradas y, entre ellas, la Medicina.

Los ofitas sostenían que había que agradecer a la Serpiente porque ella enseñó a Adán que si comía del fruto del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, su ser se elevaría por la Sabiduría así adquirida. Desde entonces, es decir, desde el “Primer Hombre”, viene la asociación de la Serpiente con el Árbol. Entonces eran verdaderamente imágenes divinas. El Árbol, además del Conocimiento del Bien y del Mal, lo era también de la Vida y de la Muerte. La Serpiente se relacionaba con los sabios e iniciados, con los ciclos del Tiempo concebido como eternidad, con la renovación permanente y la posibilidad de “ingerir” conocimientos.

El significado bueno y malo de la serpiente proviene de que la Sabiduría divina puede reflejarse en el aspecto espiritual del hombre, o bien en conocimientos materiales. Pero, como sea, es siempre conocimiento. Del mismo modo, todos los dioses de la Medicina, tienen ese doble aspecto porque pueden curar en lo físico y en lo espiritual, o, en otra clave, e igual que la serpiente, pueden dar la vida o la muerte. H.P.B. afirma que Seraphis, por ejemplo, aparece muchas veces como una serpiente, un “Dragón de Sabiduría”. Y no hay mucha distancia entre Seraphis y Heracles, el niño que estranguló las dos serpientes que Hera le envió para matarlo, considerando que no era hijo suyo; y por eso vemos a veces figuras de Seraphis-Heracles en las que, lo importante es la unión con la Serpiente.

La Serpiente aparece en todas las religiones, pero no siempre asume idéntico significado en lo exotérico. En las representaciones mitraicas se enrolla alrededor de la piedra generatriz; su principio es la actividad, el movimiento, la hélice, y puede asociarse también a las fuerzas telúricas de la Tierra Madre.

En general, el Uroboros, la serpiente que se enrosca sobre sí misma mordiéndose la cola, significa la vida indestructible, el eterno recomenzar de todas las cosas. Esta serpiente, sin principio ni fin, expresa el movimiento circular en su pureza total, la evolución consciente en el Tiempo Eterno.

La espiral, símbolo estrechamente ligado al de la serpiente, es asimismo un Caduceo. A ello se puede agregar la doble espiral que corresponde al encadenamiento de los ciclos y se refleja en muchas deidades de tipo doble, como los Dioscuros, los Devas y Asuras, el dios Jano, Cástor y Pólux, etc.

La serpiente se relaciona con el huevo -Kneph, en Egipto- y con el pájaro, como en el caso de la serpiente emplumada Quetzacoatl, nuevamente un dios de sabiduría e iniciación.

La prohibición de probar el fruto del Árbol del Conocimiento procede no tanto de Dios, sino del hecho de que la serpiente revela al hombre su esencia y origen divino y le permite acceder a una vía de Redención para superar el Bien y el Mal. Los Hierofantes, los Druidas y otros sacerdotes, se denominaban a sí mismos “Hijos de la Serpiente”; algunos sabios egipcios llegaron a asociarse en una fraternidad “de la serpiente”. Sin duda el hombre interno, al igual que la serpiente, debe despojarse de su antigua piel para convertirse en Hijo de la Sabiduría.

Hay muchos elementos sagrados en este hecho de cambiar de piel, es decir, renovarse constantemente. Por eso se relaciona la serpiente con el elixir de la inmortalidad, el elixir de la salud: es la salud que viene tras la enfermedad, un portentoso símbolo para los dioses curadores.

ntxd98ktb El emblema de los farmacéuticos está muy cerca del de los médicos y del de la diosa Higia de la Salud. La serpiente ya no se enrosca alrededor del bastón, sino alrededor del pie de una copa en la que ella va a beber. Esta copa contiene, seguramente, la bebida sagrada ofrecida por Higia. Este emblema es llamado también Caduceo. Y no es difícil relacionarlo con el Santo Cáliz y con el Grial, la copa sobre la que se inclina Galahad antes de ser “raptado” hacia el cielo, alto misterio de la caballería mística. La serpiente toma su conocimiento de esta Copa-Matriz en la que la luz brilla eternamente, y según las tradiciones, es muy probable que esta copa sea de color verde, el rayo-color de la Tierra y el de Seraphis, dios por excelencia de la Medicina.

En cuanto al bastón o báculo, recordemos lo que se cuenta de Mercurio, que separó a dos serpientes que combatían entre ellas, arrojándoles su bastón que quedó entre medias y se convirtió en símbolo de la paz. Este bastón es un símbolo tan antiguo que aparece desde el magdaleniense y lo reencontramos como báculo del peregrino o caminante en el Camino de Compostela. El que porta este cetro es el que posee el poder; tiene la propiedad de transformar todo lo que toca. Es un símbolo del Conductor y del Iniciador.

En verdad, este bastón central es también un pilar sagrado, una columna, un menhir o el eje del mundo. La serpiente se enrosca a su alrededor del mismo modo en que la plegaria de los fieles asciende a lo alto, como una espiral, desde la tierra hasta el cielo.

Otro simbolismo de las serpientes y la columna es el Fuego Serpentino o Kundalini. Cuando las serpientes se enlazan alrededor del eje central, dibujan siete puntos de encuentro que se refieren a los “chakras” u órganos sutiles del vehículo etérico. Kundalini, como Fuego Serpentino, está reposando en el chakra básico; cuando despierta, como resultado de la evolución, asciende por la columna vertebral siguiendo tres vías: la central llamada Shushumna, y dos laterales que desarrollan dos espirales entrecruzadas que pasan por los siete chakras. Pingala, a la derecha, es masculino y activo; Ida, a la izquierda, es femenina y pasiva.

Es posible relacionar lo anterior con el Yang, y el Yin, donde los colores blanco y negro son delimitados por una espiral con dos puntos centrales opuestos, como centros de dos mundos. Esta doble acción de una única fuerza, está también presente en la doble espiral. Las dos serpientes, expresión de la dinámica latente en la estabilidad, unifican la derecha con la izquierda, las dos corrientes que provienen de lo alto y de lo bajo, es decir, entre el cielo y la tierra, o entre Dios y el hombre. Es una unión armonizadora, unión de los complementarios que ya no pueden enfrentarse sino conjugarse en una unidad redentora.

Recordemos que las serpientes que luchan representan el desorden, el caos: antes de equilibrarlas, hay que separarlas, es decir, distinguirlas, conocer su opuesto y salir del juego de los contrarios. Es la fase terminal en la que las dos fuerzas opuestas se funden o se resuelven en la Unidad, equilibrando el Eje del Mundo, el bastón alrededor del cual se equilibra el caos.

Desde el punto de vista alquímico, es el símbolo de la unión y de la concordia lograda entre el Fuego y el Agua, los dos elementos que se representan en dos triángulos invertidos.

El Caduceo simboliza, pues, la unión de los mundos contrarios, una dualidad que se manifiesta desde el comienzo del Universo como la Luz que surge en medio de las Tinieblas Primordiales. La dualidad se convierte luego en Cielo-Tierra, en masculino-femenino. En astrología, Mercurio rige precisamente a los Gemelos, (Géminis), aparentemente opuestos y esotéricamente unidos. El caduceo es, así, emblema de la Concordia, símbolo de armonía y fuerza.

Las alas, que están en el casco y en los pies de Mercurio, aparecen también en el Sol egipcio, en Amón-Ra, dando vuelo al espíritu que ha sido incubado por la Serpiente, por Kneph convertida luego en Ptah y en Imhotep. Son las alas del heraldo, del anunciador, las alas del Caduceo.

También el médico es un Anunciador. El trae la salud, preserva la armonía y equilibra las oposiciones malignas que se producen, tanto en el cuerpo como en el alma. No debemos olvidar que los primeros médicos fueron representantes directos de la divinidad; en comunicación con la Fuerza Creadora, obtuvieron una comprensión de todas las leyes que rigen nuestro mundo. La penetración espiritual que poseían, les permitía reconocer la naturaleza de la enfermedad y su remedio, lo que era bueno o malo para la vida de los demás. En una época en que lo sagrado y lo profano estaban unidos, estos hombres fueron a la vez sacerdotes y reyes. Su Caduceo era su Saber, era la comprensión del Centro a cuyo alrededor se sustentan las columnas, las serpientes… El que cura debe tener –debería tener- un poder de intuición que le permita dar con el remedio que complete una naturaleza imperfecta. Como el emblema del Caduceo, hay que retornar a los orígenes tomando el camino directo del eje vertical.

 

Resumiendo: volvemos a asociar estos elementos que aparecen en todas las civilizaciones, que son la columna, el árbol sagrado con una o dos serpientes entrelazadas. El bastón está asociado al culto de la columna primordial o del árbol; es la expresión de poder de la divinidad que expande su fuerza a quien acuda en oración. Gracias a esta irradiación, el árbol, la columna, pueden curar.

Este símbolo de equilibrio, de la fuerza que ha organizado el Caos, nos debe ayudar a superar los ciclos temporales, cambiar internamente. Nos aporta una fuente de vida, una eterna juventud, porque no basta con conocer y saber, sino que, sobre todo, hay que poder transmitir. El Caduceo transmite; es como el heraldo, el mensajero de los dioses.

La dualidad aparente tiene que resolverse en la Unidad. La verdad es Una y para llegar a ella hay que transitar un camino árido y estrecho, pero recto como el eje del Caduceo.

Es propio del médico elegir, entonces, un camino de rectitud, un camino que le dirija hacia las leyes cósmicas y su expresión. Tratar de eludir la multiplicidad y sus laberintos, las vueltas espiraladas de la serpiente, (porque de lo contrario, el tiempo podría atraparnos indefinidamente en los ciclos de la manifestación). No hay nada superior a un corazón puro, pues sólo el corazón puro puede recibir y transmitir toda la energía que dimana del Caduceo, llegar desde la tierra al cielo y realizar milagros entre los hombres con la fuerza de los dioses.

Artículo escrito por el Dr. Antonio Alzina

Ciencia versus fe? – (II)

th Yo creo en Dios “gracias a” la Ciencia. No “a pesar de” la Ciencia.

William D. Phillips – Premio Nobel de Física (1997)

 

“Yo creo en la trascendencia, en no conformarse con el día a día… Hay que tener otros ideales, buscar algo más, hasta la divinidad, todo lo lejos que puedas».

Luis Arsuaga – 
Paleontólogo español – 
Catedrático de Paleontología en la Facultad de Ciencias Geológicas de la Universidad Complutense de Madrid

 

«Hay preguntas que la ciencia no puede responder y que ningún avance concebible de esta la capacitará para responder».

Peter Medawar – Premio Nobel de Medicina (1960)

 

«No soy positivista. El positivismo afirma que lo que no puede ser observado no existe. Esta concepción es científicamente indefendible, ya que es imposible hacer afirmaciones válidas sobre lo que la gente ‘puede’ o ‘no puede’ observar. Equivale a decir que ‘sólo existe lo que observamos’, lo cual, evidentemente, es falso».

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“Es posible que todo pueda ser descrito científicamente, pero no tendría sentido, como si alguien describiera una sinfonía de Beethoven como una variación en las presiones de onda.”

Albert Einstein – Físico alemán – Premio Nobel de Física, 1921

 

«No hay conflicto entre el Dios creador y lo que se ha descubierto del Universo.»

«Es perfectamente posible tener creencias religiosas y ser a la vez científico.»

Peter Higgs – Físico inglés – Descubridor del “bosón de Higgs” – Premio Nobel de Física (2013)

 

«Para una parte de la opinión pública y del mundo intelectual la Ciencia se opone necesariamente a la fe en Dios y los científicos son todos necesariamente ateos. Pero hay quien lo ve de otra manera, asegurando que la Ciencia puede acercar al hombre a Dios pues le permite comprender mejor su obra, del mismo modo que quienes tienen educación musical aprecian mejor un cuarteto de Beethoven»

Antonio Fernández-Rañada – Físico español – Catedrático de la facultad de Física de la Universidad Complutense de Madrid

 

«Para el científico que ha vivido por su fe en el poder de la razón, el final del relato es como una pesadilla. Él ha escalado las montañas de la ignorancia; está a punto de vencer el pico más encumbrado; al momento de arrastrarse con esfuerzo sobre la última roca, lo saluda un grupo de teólogos que llevan siglos allí sentados.»

Robert Jastrow – Astrónomo – Director del Instituto Goddard para la Investigación Espacial de la NASA.

 

«Yo pertenezco a ese grupo de científicos que, sin estar adheridos a ninguna religión, niegan que el universo sea un accidente sin propósito. En mi labor científica he llegado a la conclusión cada vez más firme de que el universo físico está trazado con un ingenio tan asombroso que no puedo limitarme a aceptarlo como un hecho bruto.»

Paul Davies – Físico inglés – Director del Instituto BEYOND (Center for Fundamental Concepts in Science)

 

“Tenemos la posibilidad de dejar de lado los dogmas malsanos de la religión y de cientifismo. Podemos abrir la mente y ejercer la razón y la intuición, aproximadamente por igual, para descubrir lo que somos de verdad. Y así cambiaremos el mundo”.

Doctor Bernard Haisch – Astrofísico, colaborador de la NASA

 

«La postura de algunos creyentes de rechazar la evolución equivale a rechazar la información que Dios nos ha dado, la capacidad de entender. Yo creo que, al darnos la inteligencia, Dios quiso darnos la oportunidad de investigar y de apreciar las maravillas de su creación. Dios no se ve amenazado por nuestras aventuras científicas».

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«El poder estudiar, por primera vez en la historia de la humanidad, los 3 mil millones de letras del ADN humano –que considero el lenguaje de Dios– nos permite vislumbrar el inmenso poder creador de Su mente. Cada descubrimiento que hacemos es para mí una oportunidad de adorar a Dios en un sentido amplio, de apreciar un poco la impresionante grandeza de su creación».

Francis S. Collins – Genetista estadounidense – Ex director del Proyecto Genoma Humano 

Ciencia versus fe? – (I)

 

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«Mi religiosidad consiste en una humilde admiración hacia el espíritu infinitamente superior que se revela en los leves detalles que somos capaces de percibir con nuestras frágiles y débiles mentes. Esa convicción profundamente conmovida de la presencia de un poder razonador superior, que se revela en el universo, constituye mi idea de Dios»

«La ciencia sin religión está ciega, la religión sin ciencia está coja»

 

Albert Einstein – Físico alemán

Promulgó la Teoría de la Relatividad

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«En el curso de mi vida me he visto repetidamente obligado a meditar sobre la relación entre estas dos regiones del pensamiento (ciencia y fe), pues nunca he sido capaz de dudar de la realidad de aquello hacia lo que ambas (conjuntamente) apuntaban»

 

Werner Heisenberg – Físico, formuló el Principio de Incertidumbre

Premio Nobel de Física, 1932

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«No puede haber nunca una oposición real entre ciencia y religión, pues la una es el complemento de la otra… La religión y la ciencia natural trabajan juntas en una incesante, indesmayable batalla contra el escepticismo y el dogmatismo, contra la increencia y la superstición… Por tanto, ¡adelante, hacia Dios!»

 

Max Planck – Físico alemán, padre de la Teoría Cuántica

Premio Nobel de Física, 1918

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«En el siglo XXI, en una sociedad cada vez más tecnificada, se libra una batalla entre el corazón y la mente de la humanidad. Muchos materialistas, advirtiendo triunfantes los avances de la ciencia para llenar las brechas de nuestro entendimiento de la naturaleza, anuncian que creer en Dios es una superstición obsoleta, y que estaríamos mejor si lo admitiéramos y continuáramos avanzando. Muchos creyentes en Dios, convencidos de que la verdad que deriva de la introspección espiritual es un valor más perdurable que las verdades de otras fuentes, ven los avances de la ciencia y la tecnología como peligrosos en indignos de confianza. Las posturas se endurecen, las voces se agudizan.

¿Daremos la espalda a la ciencia porque se la percibe como una amenaza a Dios, abandonando toda promesa de avanzar en nuestra comprensión de la naturaleza para aplicarla en aliviar el sufrimiento y mejorar la humanidad? O, por el contrario, ¿daremos la espalda a la fe, concluyendo que la ciencia ya ha hecho que la vida espiritual deje de ser necesaria, y que los símbolos religiosos tradicionales pueden ser ahora reemplazados por grabados de la doble hélice en nuestros altares?

 

Ambas opciones son profundamente peligrosas. Ambas niegan la Verdad. Ambas disminuirán la nobleza de la humanidad. Ambas serán devastadoras para nuestro futuro. Y ambas son innecesarias. El Dios de la Biblia es también el Dios del genoma. Se le puede adorar en la catedral o en el laboratorio. Su creación es majestuosa, sobrecogedora, intrincada y bella, y no puede estar en guerra consigo misma.

Sólo nosotros, humanos imperfectos, podemos iniciar tales batallas. Y sólo nosotros podemos terminarlas»

 

Francis Collins – Genetista, ex director del Proyecto Genoma Humano

Director del National Institutes of Health

Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 2001 por su trabajo en el descubrimiento de la secuencia del genoma humano

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«Como hombre que ha dedicado su vida entera a la más clara ciencia superior, el estudio de la materia, yo puedo decirles, como resultado de mi investigación acerca del átomo, lo siguiente: no existe la materia como tal. Toda la materia surge y persiste debido solamente a una fuerza que causa que las partículas atómicas vibren, manteniéndolas juntas en el más diminuto de los sistemas solares: el átomo.  Debemos asumir que detrás de esta fuerza existe una mente consciente e inteligente. Esta mente es la matriz de toda la materia»

«Creo que la consciencia es fundamental. Creo que todo asunto deriva de la consciencia. Todo lo que hablamos, todo lo que consideramos como existente, es dictado por la consciencia».

«Entre Dios y la ciencia no encontramos jamás una contradicción. No se excluyen, como algunos piensan hoy, se complementan y se condicionan mutuamente»***

«Podemos concluir que a partir de lo que la ciencia nos enseña, en la naturaleza hay un orden independiente de la existencia del hombre, un fin al que la naturaleza y el hombre están subordinados. Tanto la religión y la ciencia requieren la fe en Dios. Para los creyentes, Dios está en el principio y para los científicos al final de todas las consideraciones».

«La ciencia es incapaz de resolver los últimos misterios de la naturaleza, porque en el último análisis nosotros mismos somos parte de la naturaleza, es decir, somos parte del misterio que tratamos de resolver».

 

Max Planck – Físico alemán

Fundador de la Teoría Cuántica Premio Nobel de Física, 1918

 

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«Algunos hombres se dedican a la ciencia, pero no todos lo hacen por amor a la ciencia misma. Hay algunos que entran en su templo porque se les ofrece la oportunidad de desplegar sus talentos particulares. Para esta clase de hombres la ciencia es una especie de deporte en cuya práctica hallan un regocijo, lo mismo que el atleta se regocija con la ejecución de sus proezas musculares. Y hay otro tipo de hombres que penetran en el templo para ofrendar su masa cerebral con la esperanza de asegurarse un buen pago. Estos hombres son científicos tan sólo por una circunstancia fortuita que se presentó cuando elegían su carrera. Si las circunstancias hubieran sido diferentes podrían haber sido políticos o magníficos hombres de negocio. Si descendiera un ángel del Señor y expulsara del Templo de la Ciencia a todos aquellos que pertenecen a las categorías mencionadas, temo que el templo apareciera casi vacío. Pocos fieles quedarían, algunos de los viejos tiempos, algunos de nuestros días. Entre estos últimos se hallaría nuestro (Max) Planck. He aquí por qué siento tanta estima por él».

 

Albert Einstein – Físico alemán

Párrafo extraído del prefacio al libro de Max Planck publicado en 1941,  «¿A dónde va la ciencia?»

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«Algunos formularían la cuestión de la manera siguiente: ‘¿Es una realidad el mundo invisible que nos muestra la perspectiva mística?‘. Realidad es una de esas palabras indeterminadas que pueden conducirnos a debates filosóficos interminables e irrelevantes. Corremos menor peligro de confusión si formulamos la cuestión del modo siguiente:  ‘Al aceptar la perspectiva mística, ¿estamos afrontando los hechos tangibles de la experiencia?‘. No cabe duda de que sí. Yo creo que aquellos que no quieren reconocer nada que no sean las mediciones del mundo científico realizadas por nuestros órganos sensoriales están rehuyendo uno de los hechos más inmediatos de la experiencia, a saber: el de que la consciencia no es exclusivamente, ni siquiera principalmente, un instrumento para recibir impresiones sensoriales»

 

Arthur Eddington -Astrónomo, físico y matemático inglés

Célebre por sus trabajos sobre la Teoría de la Relatividad y la constitución de las estrellas

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«Para una parte de la opinión pública y del mundo intelectual la Ciencia se opone necesariamente a la fe en Dios y los científicos son todos necesariamente ateos. Pero hay quien lo ve de otra manera, asegurando que la Ciencia puede acercar al hombre a Dios pues le permite comprender mejor su obra, del mismo modo que quienes tienen educación musical aprecian mejor un cuarteto de Beethoven»

 

Antonio Fernández-Rañada

Físico español, catedrático de la facultad de Física de la Universidad Complutense de Madrid

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«El panorama de conocimiento que nos presenta la ciencia moderna es tan sobrecogedor que cabe afirmar, en contra del difundido estereotipo, que un científico tiene más razones para creer en Dios que alguien sin formación científica»

 

Fernando Sols – Catedrático de Física de la Materia Condensada

Universidad Complutense de Madrid

 

Extraído del blog Dios y la ciencia.

 

Ciencia y Filosofía

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“La ciencia es un descubrimiento de las leyes que conectan las causas con los resultados, un gran conocimiento de la Naturaleza, del universo y de nosotros mismos” (Jorge Ángel Livraga).

La relación entre ciencia y filosofia es muy importante para el descubrimiento de la naturaleza de los seres, para el conocimiento, la descripción y la valoración de su importancia. Estas dos actividades del espíritu humano constituyen manifestaciones de la misma necesidad gnoseológica, y se influyen mutuamente, en realidad. Recordemos la frase que existía en la puerta de entrada de la Academia platónica: “No entre nadie sin saber geometría”.

La filosofía necesita el apoyo sensible de la ciencia y esta, a su vez, sin la filosofía, pierde profundidad, espíritu crítico y actividad creativa. La filosofía sería por tanto para la ciencia lo que el alma para el cuerpo o lo que la forma para la materia. Muchas veces se confunde la filosofía de la ciencia con la historia de la ciencia. Son, sin embargo, dos campos diferentes, aunque está claro que cualquier intento de acercamiento filosófico a la ciencia necesariamente tendrá que basarse en cierta perspectiva histórica, en relación con la evolución de las ideas, dentro de un marco espacio-temporal concreto. La filosofía de la ciencia, así como la filosofía de la historia, es siempre filosofía. Y la filosofía, ya se haga de la ciencia, del arte, de la política, o de otro campo, necesita un marco histórico, temporal, de manera que se comprendan las relaciones encadenadas de causas y efectos que tienen lugar en la evolución de las ideas, en cada momento civilizatorio. Pero, en este caso, la historia será un sustento, una ayuda aclaratoria para el desarrollo de la filosofía de la ciencia.

La filosofía de la ciencia es, pues, el estudio y el conocimiento de los principios y de los métodos, de las estructuras mentales y de los tipos de relaciones de los acontecimientos que la ciencia en general y las distintas ciencias en particular utilizan para conocer su objeto de investigación, ya sea en la naturaleza y en el universo, ya sea en el ser humano y sus actividades, como por ejemplo el lenguaje, la lógica, la historia, la sociología o la psicología.

El fundamento filosófico de la ciencia permite la correcta aplicación de silogismos del pensamiento inductivo y deductivo, el uso eficaz de los símbolos y de las fórmulas matemáticas, la aplicación práctica de hipótesis y teorías, así como la creación coherente de estructuras para leyes y principios científicos, de manera que se consiga una interpretación satisfactoria del mundo.

Las leyes y principios científicos son generalizaciones de las observaciones, y las teorías son interpretaciones de las leyes. Pero, muchas veces, las teorías avanzan más allá de los simples datos de la observación, con objeto de explicar nuevas situaciones. Por consiguiente, no proceden directamente de la experiencia o del experimento, como ocurre con las leyes. Por esta razón, el conocimiento teórico proviene de influencias mutuas y de cambios más complejos y holísticos de pensamiento.

Se trata de un conocimiento que presupone tanto la existencia de la subjetividad del ser pensante como también la existencia de hipótesis y conjeturas. Y es aquí donde la filosofía tiene una gran utilidad y es incluso imprescindible. Hace falta, no obstante, destacar que no deben confundirse ni eliminarse los límites separadores entre la ciencia y la filosofía. Es imprescindible que exista, no solo distinción entre ellas y sus campos de conocimiento, sino también que puedan coexistir completándose armónicamente.

Para que esto se produzca contribuyen las siguientes razones:

  1. Los descubrimientos e inventos revolucionarios no son siempre acordes a las consideraciones y presupuestos filosóficos de lo establecido por los que comienzan, o a los principios aceptados a los que están sometidos los criterios apreciativos de los filósofos. Sin embargo, estos descubrimientos pueden muchas veces utilizarse como base para nuevas revisiones de raíz en la filosofía. Asimismo, sucede lo contrario, como dice K. Popper: “Desde un punto de vista histórico, las ciencias occidentales actuales provienen de las consideraciones filosóficas de los griegos acerca del mundo, acerca del orden del universo”.
  2. El inconveniente de las ciencias actuales proviene de la falta de pensamiento filosófico en la consideración sobre la naturaleza última de las cosas. Esto tiene como resultado una actividad científica deficiente, insegura y dudosa, en la que no existe cierta forma de metafísica filosófica.
  3. La investigación científica presupone la interpretación del universo en un momento histórico concreto, de acuerdo con algún sistema de ideas dado y en general aceptado (el “paradigma”), el cual debe tener coherencia, ser lógico y necesario y que pueda interpretar todo elemento de la experiencia. Y este sistema de “la imagen del mundo” es filosófico.
  4. Los conceptos filosóficos y científicos están sometidos a transformación y adaptación y, por lo tanto, no pueden ser ni “evidentes”, ni “definitivos”, como los llamarían Descartes y la “nueva ciencia” de la Ilustración y el moderno neo-racionalismo.
  5. En la evolución de la civilización hace falta dinamismo, un espíritu de aventura que relacione la filosofía y la ciencia, de manera que pueda cubrir todo el espectro de la experiencia humana y, a la vez, asegurar la independencia e integridad de cada ciencia por separado. Tan solo así podrán existir, a la vez y en completura armónica, la especialización con la interdisciplinariedad científica holística.

A lo largo de la historia de la ciencia y de la filosofía podemos observar que las revoluciones del pensamiento humano y del progreso se dieron casi siempre cuando entre ellas existía una relación armónica y una influencia mutua, no cuando existía una confrontación violenta o una homogeneidad y no diferenciación de su campo de acción.

Un ejemplo de las relaciones de confrontación lo vemos en el período histórico de la Contrarreforma y de la Ilustración hasta Kant, en el cual la filosofía, cuyo monopolio tenía la religión, se encontraba en conflicto abierto con el nuevo horizonte científico. Por el contrario, ejemplo de las relaciones de identificación y de falta de cierta diferenciación los encontramos en el período medieval en Occidente, o en el bizantino en el Oriente grecorromano, donde la ciencia se consideraba como una simple sección de la filosofía.

Artículo escrito por Jorge Alvarado Planas.