Los mitos, con su lenguaje simbólico y su carácter universal, han sido la forma de transmitir profundas enseñanzas sobre los misterios de la Vida desde tiempos inmemoriales.
Nos sentimos naturalmente atraídos hacia ellos porque las verdades que encierran le hablan directamente a nuestra Alma y le recuerdan su naturaleza superior.
“Las siete cosas creadas antes de la creación del mundo”. Talmud
Nos han enseñado que siete cosas fueron creadas antes de la creación del mundo: la Torah, el arrepentimiento, el Jardín del Edén, la Gehena, el Trono de Gloria, el Templo y el Nombre del Mesías.
La Torah precedió a la creación del mundo. He aquí un pasaje que lo prueba: “El Eterno me creó primicias de su camino, antes que sus obras más antiguas”. (Proverbios 8, 2). Para probar la antigüedad del arrepentimiento se cita lo siguiente: “Antes de que los montes fueran engendrados, antes de que naciesen tierra y orbe…Tú al polvo reduces a los hombres, diciendo: ¡Tornad! (en hebreo shub, que significa volver, darse la vuelta, de aquí teshuba, arrepentimiento)”. (Salmos 90, 2. Para probar la del Jardín del Edén, se cita: “Luego plantó el Eterno un jardín en Edén, mi kedem (se puede traducir, desde oriente, o desde antes)”. (Génesis 2, 8). La de la Gehena se prueba por el siguiente pasaje: “Porque de antemano está preparada una hoguera” (Isaías 30, 33). La del Trono de Gloria, por el pasaje: “Desde el principio tu Trono está fijado, desde siempre existes tú”. (Salmos 93,2), La del Templo, por el pasaje: “Trono de Gloria, excelso desde el principio, es el lugar de nuestro Templo”. (Jeremías 17, 12)
El Nombre del Mesías es igualmente anterior a la Creación, puesto que: “Su Nombre subsistirá para siempre, antes que el sol su Nombre se perpetuará”. (Salmos 72, 17),
(Talmud Nedarim)
“La creación”. Según los indios winnebagos.
No sabemos en qué condición se hallaba nuestro padre cuando empezó a tomar conciencia. Movió su brazo derecho y luego su brazo izquierdo, su pierna derecha y luego su pierna izquierda. Empezó a pensar lo que tenía que hacer y por fin empezó a llorar, las lágrimas fluían de sus ojos y caían ante él. Al poco tiempo miró ante sí y vio algo que brillaba. Aquello brillante eran sus lágrimas, que fluían y formaban las aguas que vemos… El hacedor de la tierra empezó a pensar de nuevo. Y pensó: “Es así, cuando deseo una cosa, se hará como yo deseo, del mismo modo que mis lágrimas se han convertido en mares”. Así pensó. Y deseó la luz, y se hizo la luz. Y pensó luego: “Es como me suponía, las cosas que he deseado han empezado a existir tal como yo quería”. Pensó entonces y deseó que existiera la tierra, y la tierra empezó a existir. El hacedor de la tierra la contempló y le gustó, pero la tierra no se estaba quieta… (Una vez que la tierra se aquietó) pensó en muchas cosas como empezaron a existir según él deseaba. Entonces empezó a hablar por primera vez. Dijo: “Puesto que las cosas son tal como yo quiero que sean, haré un ser semejante a mí”. Y tomó un poco de tierra y le dio su semejanza. Habló entonces a lo que acababa de crear, pero aquello no le respondió. Lo miró y vio que no tenía entendimiento o pensamiento. Y le hizo un entendimiento. De nuevo le habló, pero aquello no respondió. Lo volvió a mirar y vio que no tenía lengua. Le hizo entonces una lengua. Le habló otra vez y aquello no respondió. Lo volvió a mirar y vio que no tenía alma. Le hizo, pues, un alma. Le habló otra vez y aquello pareció querer decir algo. Pero no lograba hacerse entender. El hacedor de la tierra alentó en su boca, le habló, y aquello le respondió.
(Recogido por M. Eliade, Historia de las creencias y de las ideas religiosas)
“La creación”. Según los indios omaha
Al principio todas las cosas estaban en la mente de Wakonda. Todas las criaturas, el hombre también, eran espíritus. Se movían de un lado a otro en el espacio que media entre la tierra y las estrellas. Buscaban un lugar en que pudieran empezar a existir corpóreamente. Subieron hasta el sol, pero el sol no les convenía como morada. Pasaron a la luna y vieron que tampoco era buena para vivir allí. Descendieron entonces a la tierra. Vieron que estaba cubierta de agua. Flotaron hacia el norte, el sur, el este y el oeste, pero no encontraron tierra seca. Estaban muy apesadumbrados. De repente, entre las aguas surgió una gran roca. Empezó a arder en llamas y las nubes flotaron en el aire en forma de nubes. Apareció la tierra seca; crecieron las plantas y los árboles. Las huestes de los espíritus descendieron y se hicieron carne y sangre. Se alimentaron de las semillas de las hierbas y de los frutos de los árboles, y la tierra vibró con sus expresiones de alegría y gratitud a Wakonda, el hacedor de todas las cosas.
(Recogido por M. Eliade, Historia de las creencias y de las ideas religiosas)
Fuente: http://www.arsgravis.com