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Actividades octubre 2017

De vuelta al cole!!! Después del verano volvemos a abrir nuestras puertas. 

 

En Octubre celebraremos el mes filosófico, ¡no te lo pierdas!

 

 

Viernes 6 a las 19:30, charla-coloquio; entrada libre

 

Viernes 13 y 27, a las 19:00, taller de remedios naturales

Precio 6€/taller; gratuito para socios

 

Miércoles 18 a las 19:00, clase gratuita; entrada libre

 

Miércoles 18 a las 20:00, presentación curso de filosofía; entrada libre

 

Jueves 19 a las 19:00, clase gratuita; entrada libre

 

Jueves 19 a las 20:00, presentación curso de filosofía; entrada libre

 

Viernes 20 a las 19:00, clase gratuita; entrada libre

 

Viernes 20 a las 20:00, presentación curso de filosofía; entrada libre

 

Sábado 21 a las 10:30, presentación y primera clase de escritura creativa

Presentación, entrada libre; precio taller 20€/mes

 

Miércoles 25 a las 19:00, clase gratuita; entrada libre

 

Miércoles 25 a las 20:00, presentación curso de filosofía; entrada libre

 

Jueves 26 a las 19:00, clase gratuita; entrada libre

 

Jueves 26 a las 20:00, presentación curso de filosofía; entrada libre

 

Viernes 27 a las 19:00, CONVERSA GANDIA; entrada libre

Actividad realizada por Jóvenes Filósofos de La Safor; se llevará a cabo en el Centre Associatiu Joan Climent situado en la plaça Simancas

 

Sábado 28 a las 20:30, filo-cine; entrada libre

Se proyectarán escenas de películas que contengan enseñanzas que giren sobre el tema del cambio. Con cena de sobaquillo

 

El salmo de la vida

¡Ah!  ¡No!  No me digáis con voz doliente
que la vida es un sueño,
que el alma muere donde el cuerpo acaba,
que es nuestro fin incierto.

Nueva Acrópolis - VidaPolvo que vuelve al polvo es la sentencia
funesta para el cuerpo;
pero el alma, que es luz, en luminosa
región busca su cetro.

Placeres y amarguras no son sólo
de la existencia objeto;
la vida es acción viva, afán perenne;
la vida es lucha, es duelo.

La obra del tiempo es lenta, y el tiempo huye
rápido como el viento;
y el corazón, la marcha del combate
sigue siempre batiendo.

¡Alerta! En la batalla de la vida
reposar un momento
es torpe cobardía… la victoria
es hija del esfuerzo.

Da un adiós al pasado, y del mañana
no te ofusque el destello:
pon la esperanza en Dios, en Dios tan sólo,
y lucha con denuedo.

La historia nos lo dice: la constancia,
el valor y el talento
engrandece al hombre. ¡Fe y audacia!
También grande seremos.

Y más tarde quien sabe si otro hermano
al cual agobie el peso
del infortunio, ¡revivir se sienta
siguiendo nuestro ejemplo!

Trabajar es luchar. ¡A la obra, a la obra,
sin desmayar, obreros!
Grabemos esta máxima en el alma:
Trabajar y… esperemos.

Henry W. Longfellow
(Traducción de Ricardo Palma)

De obligaciones y deberes

El amor nos salva

Pablo Neruda

A mis obligaciones…Pablo Neruda                                                                                                     

Cumpliendo con mi oficio

piedra con piedra, pluma a pluma,

pasa el invierno y deja

sitios abandonados,

habitaciones muertas:

yo trabajo y trabajo,

debo substituir

tantos olvidos,

llenar de pan las tinieblas,

fundar otra vez la esperanza.

 

No es para mí sino el polvo,

la lluvia cruel de la estación,

no me reservo nada

sino todo el espacio

y allí trabajar, trabajar,

manifestar la primavera.

 

A todos tengo que dar algo

cada semana y cada día,

un regalo de color azul,

un pétalo frío del bosque,

y ya de mañana estoy vivo

mientras los otros se sumergen

en la pereza, en el amor,

yo estoy limpiando mi campana,

mi corazón, mis herramientas.

 

Tengo rocío para todos.

 

Los deberes de la vida…Víctor Corcoba Herrero     

Vivir el día a día,

y en el día vivir:

cortés en las formas,

gentil en el fondo;

para donarse a la existencia

y darse vida en la vida.

 

Haré una buena acción

y no lo diré a nadie

y no lo echaré en cara

y no diré sí,

sí tengo que decir no.

 

Nada de prisas ni de pausas,

y sí muchas risas y rosas,

para que el amor

tenga su poso de paz,

al igual que el cauce del río,

rimas que donen aire.

 

Que la risa es para el mundo

lo que el beso del sol

para la flor,

lo que el beso de la luna

para el verso de la noche.

 

Me niego a estar disponible

para el odio,

me niego a estar ocupado

por la violencia,

me niego a no ser yo.

 

El yo en la poesía es el otro,

una manera de vivir,

una moneda sin cambio,

una entrega sin condiciones,

y una condición sin límites,

el amor de amar amor.

Extractos sobre Plotino (II)…sobre la contemplación

 

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“Pero llegará un momento en que la contemplación será continua y no se verá turbada por ningún obstáculo proveniente del cuerpo. No es ciertamente la parte de nosotros mismos que ve, la que se encuentra impedida, sino otra parte;…/…

En el momento en que el ser que ve se ve a sí mismo, se verá tal como es su objeto; mejor aún, se sentirá unido a él, parecido a él y tan simple como él…/… Uno mismo el ser que ve con su objeto, acontece como si hubiese hecho coincidir su centro con el centro universal. Pues incluso en este mundo, cuando ambos se encuentran, forman una unidad, y son sólo dos cuando se mantienen separados. Y he ahí el porqué nos resulta difícil de explicar en qué consiste esta contemplación, ya que, ¿cómo podríamos anunciar que el Uno es otro, si no lo vemos como otro y más bien unido a nosotros cuando lo contemplamos?”.

Enéadas, VI, 9, 10.

********

“Con esto querría mostrarse el mandato propio de los misterios, de no dar a conocer nada a los no iniciados; pues como quiera que lo divino no puede revelarse, no ha de ser tampoco divulgado entre aquellos que no han tenido la suerte de experimentarlo. No dándose en esa ocasión dos cosas, si en verdad el sujeto que ve y el objeto visto son una misma (hablaríamos mejor de una unión que de una visión), cuando aquél quiera recordar después esa unión acudirá a las imágenes que guarda en sí mismo. Mas, si el ser que entonces contemplaba era uno y no manifestaba diferencia consigo mismo ni con respecto a las demás cosas, tampoco advertía movimiento dentro de sí, y, en su ascensión, no patentizaba cólera ni deseo, y ni siquiera razón ni pensamiento, porque, si de algún modo hay que decirlo, él mismo ya no disponía de su ser que, arrebatado o poseído de entusiasmo, se elevaba a un estado de tranquila calma. Verdaderamente, al no separarse de la esencia del Uno, no verificaba movimiento alguno hacia sí, sino que permanecía completamente inmóvil y se convertía en la inmovilidad misma. Ya no le retenían las cosas hermosas, puesto que miraba por encima de la belleza; y, sobrepasado también el coro de las virtudes, había dejado atrás las estatuas del templo como quien penetra en el interior de un santuario.

Serían las estatuas precisamente lo primero que tendría que ver al salir del santuario, después de esa visión interior y de esa unión íntima, no desde luego con una estatua o una imagen de la divinidad, sino con la divinidad misma; aquéllas constituirían contemplaciones de orden secundario.

Porque quizá no deba hablarse ahora de una contemplación sino de otro tipo de visión, por ejemplo, de un éxtasis, de una simplificación, de un abandono de sí, del deseo de un contacto, detención y noción de un cierto ajuste si se verifica una contemplación de lo que hay en el santuario. Si otra fuese la manera como contemplase, es claro que nada de esto contaría. Porque éstas son las imágenes con las que los más sabios de los profetas han explicado enigmáticamente en qué consiste la contemplación de Dios. Cualquier sabio sacerdote podrá dar con la verdad del enigma, si llega a alcanzar en ese mundo una contemplación del santuario. Pero aunque no la alcance y juzgue que el santuario es inaccesible a la visión, tendrá que considerar a éste como fuente y principio y sabrá además que el principio sólo se ve por el principio, que lo semejante no se une más que a lo semejante y que no han de despreciarse en modo alguno cuantas cosas divinas pueda retener el alma. Así, antes de la contemplación, reclamará ya todo lo demás a la contemplación, aunque lo que él estime como el resto sea realmente lo que se encuentra por encima de todas las cosas y también antes de ellas.

La naturaleza del alma rehúsa el acercarse a la nada absoluta; cuando desciende, se dirige hacia el mal, que es una especie de no-ser, pero no al no-ser absoluto. Al avanzar en sentido contrario, no va tampoco hacia otro ser, sino hacia sí misma, y es por ello por lo que no entra en otra cosa sino en sí misma. Pero basta que ella esté sólo en sí y no en el ser para que se encuentre verdaderamente en El, porque El no es una esencia sino que está más allá de la esencia para el alma que tiene relación con El. Quienquiera que se ve a sí mismo convertirse en El, se considera a sí mismo como una imagen de El. Partiendo de sí, como de la imagen al arquetipo, llegará indudablemente al fin de la jornada. Y si alguna vez se aparta de la contemplación, reavive de nuevo su virtud y comprendiendo entonces toda su ordenación interior vuelva a su ligereza da alma y, por intermedio de la virtud misma, llegue hasta la inteligencia y, a través de la sabiduría, ascienda incluso hasta El.

Tal es la vida de los dioses y de los hombres divinos y bienaventurados; una vida que se aparta de las cosas de este mundo, que se siente a disgusto con ellas y que huye a solas hacia el Sólo”.

Enéadas, VI, 9, 11

Fuente: Extraido del blog de sophiaveda

Extractos de Plotino (I)…sobre el alma.

 

Plotino

 

 

 

«Si ello es así, el alma debe apartarse del mundo exterior y volverse enteramente hacia su interioridad. No se inclinará ya hacia las cosas de afuera, sino que se mostrará ignorante de todo y, antes de nada, se preparará para la contemplación, alejando de ella toda idea y desconociendo incluso ese trance de la contemplación. Luego de haber consumado la unión y de haber tenido con el Uno el trato suficiente, el alma deberá ir a anunciar a los demás seres, si realmente le es posible, ese estado de unión a que ha llegado (tal vez por haber resultado Minos de una unión semejante se le ha llamado “el confidente de Zeus”, pues llevado de este recuerdo instituyó leyes que son como su imagen, justificadas por él plenamente por ese contacto con la divinidad); o si es que no juzga ya dignas de sí las ocupaciones políticas, que permanezca, si lo prefiere, en la región celeste, como haría cualquiera que hubiese contemplado mucho.

Dios, dice (Platón), no se encuentra fuera de ningún ser; está en todos los seres, bien que ellos no lo sepan. Porque los seres huyen de El, o mejor se alejan de sí mismos. No pueden, por tanto, alcanzar aquello de que han huido, ni buscar siquiera otro ser luego de haberse perdido a sí mismos. Ocurre como con el hijo, enajenado de sí por la locura, que no acierta a reconocer a su padre; en tanto, el que se conoce a sí mismo, sabe perfectamente de dónde procede.”

Enéadas, VI, 9, 7

“He aquí que en esta danza se contempla la fuente de la vida, la fuente de la inteligencia, el principio del ser, la causa del bien, la raíz del alma. Todas estas cosas no se desbordan de El y empequeñecen su esencia, porque el Uno no es una masa. Si así fuese, también esas cosas serían perecederas, y nosotros sabemos que son eternas puesto que su principio permanece idéntico a sí mismo y no se reparte entre ellas, sino que continúa tal cual es. De ahí la permanencia de todo eso, como ocurre con la luz que subsiste en tanto subsiste la luz del sol. No hay como un corte entre el Uno y nosotros y tampoco estamos separados de El, a pesar de que la naturaleza del cuerpo procure atraernos hacia sí. Por El vivimos y nos conservamos, pues El no se retira luego de conceder sus dones sino que continúa dirigiéndonos en tanto sea lo que es. O mejor todavía, nos inclinamos hacia El y tendemos a nuestro bien, ya que nuestro alejamiento de El supondría el empequeñecernos.

Allí el alma descansa de los males y se retira a una región limpia de todo mal; conoce de manera inteligente, alcanza un estado impasible y llega a vivir la vida verdadera. Porque nuestra vida de ahora, sobre todo si no cuenta con lo divino, no es más que una huella que imita aquella vida. La vida verdadera es como un acto de la Inteligencia, acto por el cual engendra dioses en tranquilo contacto con el Uno; engendra, por ejemplo, la belleza, la justicia y la virtud. Porque el alma puede dar a luz todas estas cosas si está colmada de lo divino. Esto significa para ella el comienzo y el fin de su ser; el comienzo porque de allí proviene, el fin porque el Bien está allí, y una vez vuelta ella a esa región, torna a ser lo que realmente era. Este de ahora es el estado de “caída, exilio y pérdida de las alas, pero muestra que el Bien está allí y que el amor es algo circunstancial al alma, según la fábula de la unión de Eros y las almas, tal como se presenta en las pinturas y en los relatos místicos.

Puesto que el alma es diferente de Dios, pero proviene de El; necesariamente lo ama; cuando se encuentra en la región inteligible lo ama con un amor celeste, más cuando se encuentra aquí lo ama con un amor vulgar. Allá tenemos a la Afrodita de los cielos, en tanto aquí se halla la Afrodita vulgar que se presta al oficio de cortesana. Toda alma es una Afrodita y eso es lo que viene a decir “el nacimiento de Afrodita y el nacimiento inmediato de Eros”. Así pues, el alma ama naturalmente a Dios y a El quiere unirse, igual que haría una virgen que amase honestamente a un padre honesto; pero cuando llega a dar a luz seducida por una promesa de matrimonio, se entrega al amor de un ser mortal y queda arrancada violentamente del amor de su padre. De nuevo, si siente horror por esta violencia, se purifica de las cosas de este mundo para volver llena de alegría al regazo de su padre.

Los que desconocen este estado podrían imaginarse, por los amores de este mundo, qué es lo que significa para el alma el encontrarse con el objeto más amado. Porque los objetos que nosotros amamos aquí son realmente mortales y nocivos, algo así como fantasmas cambiantes, que no podemos amar verdaderamente porque no constituyen el bien que nosotros ansiamos. El verdadero objeto de nuestro amor se encuentra en el otro mundo; podremos unirnos a El, participar de El y poseerlo, si no salimos a condescender con los placeres de la carne. Para quien lo ha visto es claro lo que yo digo; sabe que el alma tiene otra vida cuando se acerca al Uno y participa de El, y que toma conciencia de que está junto a ella el dador de la verdadera vida, sin que necesite de ninguna otra cosa. Por el contrario, conviene que renuncie a todo lo demás y que se entregue solamente a El y se haga una sola cosa con El, rompiendo todos los lazos que la atan a éste mundo. Así es como procuramos salir de aquí y nos irritamos por los lazos que nos unen a los otros seres. Nos volvemos entonces por entero hacia nosotros mismos y no dejamos parte ninguna nuestra que no entre en contacto con Dios.

Ya, pues, es posible verlo y vernos también a nosotros mismos en tanto la visión esté permitida. Se ve uno resplandeciente de luz y lleno de la luz inteligible, y mejor aún, se convierte uno en una luz pura, ligera y sin peso, en un ser que es más bien un dios, inflamado de amor hasta el momento en que, vencido otra vez por su peso, se siente como marchito.”

Enéadas, VI, 9, 9

**Fuente: blog de sophiaveda.

Del tiempo y recuerdos

 

En mi barrio….Juan de Dios Peza

 

Sobre la rota ventana antigua

Con tosco alféizar, con puerta exigua,

Que hacia la oscura callejada,

Pasmando al vulgo como estantigua

Tallada en piedra, la santa está.

 

Borró la lluvia los mil colores

Que hubo en su manto y en su dosel;

Y recordando tiempos mejores,

Guarda amarillas y secas flores

De las verbenas del tiempo aquel.

 

El polvo cubre sus aureolas,

Las telarañas visten su faz,

Nadie a sus plantas riega amapolas,

Y ve la santa las calles solas,

La casa triste, la gente en paz.

 

Por muchos años allí prendido,

Único adorno del tosco altar,

Flota un guiñapo descolorido,

Piadosa ofrenda que no ha caído

De las desgracias al hondo mar.

 

A arrebatarlo nadie se atreve,

Símbolo antiguo de gran piedad,

Mira del tiempo la marcha breve;

Y cuando el aire lo empuja y mueve

Dice a los años: pasad, pasad.

 

¡Pobre guiñapo que el aire enreda!

¡Qué amarga y muda lección me da!

La vida pasa y el mundo rueda,

Y siempre hay algo que se nos queda

De tanto y tanto que se nos va.

 

Tras esa virgen oscura piedra

Que a nadie inspira santo fervor,

Todo el pasado surge y me arredra;

Escombros míos, yo soy la yedra;

¡nidos desiertos, yo fui el amor!

 

Altas paredes desportilladas

Cuyos sillares sin musgo vi,

¡cuántas memorias tenéis guardadas!

Níveas corinas, jaulas doradas,

Tiestos azules… ¡no estáis aquí!

 

En mi azarosa vida revuelta

Fue de esta casa dueño y señor,

¿do está la ninfa, de crencha suelta,

de grandes ojos, blanca y esbelta,

que fue mi encanto, mi fe, mi amor?

 

¡Oh mundo ingrato, cuántos reveses

en ti he sufrido! La tempestad

todos mis campos dijo sin mieses…

La niña duerme bajo cipreses,

Su sueño arrulla la eternidad.

 

¡Todo ha pasado! ¡Todo ha caído!

Sólo en mi pecho queda la fe,

Como el guiñapo descolorido

Que a la escultura flota prendido…

¡Todo se ha muerto! ¡Todo se fue!

 

Pero ¡qué amarga, profunda huella

Llevo en mi pecho!… ¡Cuán triste estoy!…

La fe radiante como una estrella,

La casa alegre, la niña bella,

El perro amigo… ¿Dónde están hoy?

 

¡Oh calle sola, vetusta casa!

¡angostas puertas de aquel balcón!

Si todo muere, si todo pasa

¿por qué esta fiebre que el pecho abrasa

no ha consumido mi corazón?

 

Ya no hay macetas llenas de flores

Que convirtieran en un pensil

Azotehuelas y corredores…

Ya no se escuchan frases de amores,

Ni hay golondrinas del mes de abril.

 

Frente a la casa la cruz cristiana

Del mismo templo donde rezó,

Las mismas misas de la mañana,

La misa torre con la campana

Que entre mis brazos la despertó.

 

Vetusta casa, mansión desierta,

Mírame solo volviendo a ti…

Arrodillado beso tu puerta

Creyendo loco que aquella muerta

Adentro espera pensando en mí.

 

Hay un día feliz…Nicanor Parra

 

A recorrer me dediqué esta tarde

Las solitarias calles de mi aldea

Acompañado por el buen crepúsculo

Que es el único amigo que me queda.

Todo está como entonces, el otoño

Y su difusa lámpara de niebla,

Sólo que el tiempo lo ha invadido todo

Con su pálido manto de tristeza.

Nunca pensé, creédmelo, un instante

Volver a ver esta querida tierra,

Pero ahora que he vuelto no comprendo

Cómo pude alejarme de su puerta.

Nada ha cambiado, ni sus casas blancas

Ni sus viejos portones de madera.

Todo está en su lugar; las golondrinas

En la torre más alta de la iglesia;

El caracol en el jardín, y el musgo

En las húmedas manos de las piedras.

No se puede dudar, éste es el reino

Del cielo azul y de las hojas secas

En donde todo y cada cosa tiene

Su singular y plácida leyenda:

Hasta en la propia sombra reconozco

La mirada celeste de mi abuela.

Estos fueron los hechos memorables

Que presenció mi juventud primera,

El correo en la esquina de la plaza

Y la humedad en las murallas viejas.

¡Buena cosa, Dios mío! nunca sabe

Uno apreciar la dicha verdadera,

Cuando la imaginamos más lejana

Es justamente cuando está más cerca.

Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice

Que la vida no es más que una quimera;

Una ilusión, un sueño sin orillas,

Una pequeña nube pasajera.

Vamos por partes, no sé bien qué digo,

La emoción se me sube a la cabeza.

Como ya era la hora del silencio

Cuando emprendí mí singular empresa,

Una tras otra, en oleaje mudo,

Al establo volvían las ovejas.

Las saludé personalmente a todas

Y cuando estuve frente a la arboleda

Que alimenta el oído del viajero

Con su inefable música secreta

Recordé el mar y enumeré las hojas

En homenaje a mis hermanas muertas.

Perfectamente bien. Seguí mi viaje

Como quien de la vida nada espera.

Pasé frente a la rueda del molino,

Me detuve delante de una tienda:

El olor del café siempre es el mismo,

Siempre la misma luna en mi cabeza;

Entre el río de entonces y el de ahora

No distingo ninguna diferencia.

Lo reconozco bien, éste es el árbol

Que mi padre plantó frente a la puerta

(Ilustre padre que en sus buenos tiempos

Fuera mejor que una ventana abierta).

Yo me atrevo a afirmar que su conducta

Era un trasunto fiel de la Edad Media

Cuando el perro dormía dulcemente

Bajo el ángulo recto de una estrella.

A estas alturas siento que me envuelve

El delicado olor de las violetas

Que mi amorosa madre cultivaba

Para curar la tos y la tristeza.

Cuánto tiempo ha pasado desde entonces

No podría decirlo con certeza;

Todo está igual, seguramente,

El vino y el ruiseñor encima de la mesa,

Mis hermanos menores a esta hora

Deben venir de vuelta de la escuela:

¡Sólo que el tiempo lo ha borrado todo

Como una blanca tempestad de arena!

 

 

Filosofía de sobre de azúcar

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Un sobrecito de azúcar…, sí, de esos que te ponen con el café en cualquier bar, tenía el siguiente relato escrito en la parte de atrás.  ¿Alguien se reconoce?

Había una vez cuatro individuos llamados Todo el Mundo, Alguien, Nadie y Cualquiera.

Siempre que había un trabajo Todo el Mundo estaba seguro de que Alguien lo haría. Cualquiera podría haberlo hecho pero Nadie lo hizo.

Cuando Nadie lo hizo, Alguien se puso nervioso porque Todo el Mundo tenía el deber de hacerlo.

Al final, Todo el Mundo culpó a Alguien cuando Nadie hizo lo que Cualquiera podría haber hecho.

Tan real como la vida misma.